Entre 1965-66 comenzó la segunda serie que coincidió con un cambio radical en la vida española. Los acontecimientos  provocaron la revuelta de Mayo del 68, y su pintura se convirtió en un testimonio vivo de la agitación circundante. El discurso se radicalizó y actuó como denuncia de un presente inaceptable que dejó atrás el romanticismo, aunque no se resolvió sin subjetividad. Toda la realidad visceral y caótica llena de vida y de controversia, afectó a la temática de esta serie, inspirada en un afán revolucionario más concreto y opuesto al sentido lírico de la serie anterior.

 

Los ejes de coordenadas que estructuraron la etapa precedente se abrieron, dejando espacios vacíos sobre los que se amontonaban seres gesticulantes, respaldados por muros en los que se apreciaban las consignas escritas, tachadas por chorreantes manchas. El grito, sin voz, se rompía entre las diagonales compositivas y entre la estructura violenta de la acción. La poética pasó de la contención a la guerra abierta y al debate. El color negro fue el protagonista.

 

 

   

   
    1965    
    "Diálogo"    
    166 x 114 cm.    
    Óleo/lienzo    
     
  1966      1966
  "Controversia"     "In extremis II"
   114 x 130 cm.     125 x 160 cm.
  Tec.mix./lienzo     Tec.mix./lienzo